Mi hijo Jairo

20130528-160937.jpgAcudo a este foro porque lo que sucede a mi hijo no se lo cree nadie y estoy harta de que me tomen por loca. En fin, hoy he decidido compartir su historia, o calvario. Juzguen ustedes mismos.

“Mi hijo Jairo se siente invisible, o lo es, ya no lo sé. En el trabajo no han notado su corte de pelo, la gente choca con él por la calle, sus antiguos compañeros de la universidad no se acuerdan de él en la cenas de promoción y, como ese, mil casos más.

Jairo empezó a volverse transparente poco a poco, justo después de dejarlo con aquella modelo de venta por catálogo y le extrajeran la muela del juicio. La verdad es que ni la novia ni la muela le convenían, pero el efecto de sus desapariciones fue como una maceta en la cabeza en un día de viento.

El primer aviso de invisibilidad llegó con su cumpleaños, sólo yo le felicité. El segundo, cuando se quedó esperando en el médico de cabecera porque la enfermera olvidó apuntarlo en la lista. El tercero, en un partido de dobles, cuando recibió varios pelotazos en la red.

Jairo ya nunca liga los fines de semana y sus amigos lo obvian en las conversaciones sobre fútbol los domingos. Me cuenta que al mirarse al espejo se ve sin gracia, sin espíritu, tal una marioneta sin dueño.

Han pasado meses de estado transparente, pero esta mañana Jairo estaba de mejor humor. Su suerte ha cambiado, nadie se ha colado en la máquina de café en el trabajo y en la calle alguien le ha mirado desde el interior de una tienda de ropa. Esta noche me ha llamado muy contento, ¡empieza a ser visible!

Como buena madre, no le voy a contar que la máquina estaba estropeada desde las nueve, y la chica de la tienda era una triste maniquí con un feo abrigo de temporada. Lo llevaría al psicólogo, pero no lo acabo de ver.”

Terence y Tina. Hotel series

Terence, poeta aficionado con pánico a los aviones, nunca antes había estado fuera de su querido estado de Missouri salvo un viaje de negocios a Philadelphia diez años atrás. Cuando su amiga y vecina Tina le sugerió un viaje a Espana e Italia para celebrar sus cincuenta y nueve cumpleaños, Terence puso el grito en el cielo.

“¿Si no he viajado a Nueva York como voy a ir a Roma?” – Terence.

“Iremos en barco, como en el Titanic” – Tina

“El Titanic está en el fondo del mar” – Terence

“Y tú y tus poemas al borde del abismo” – Tina

Embarcados en un ferry de Barcelona a Mallorca Terence cuenta ansioso los días que le quedan para volver a casa. Sevilla le resultó pintoresca, pero ruidosa. Barcelona bonita, pero tétrica. Al hacer el check-in en el hotel el americano nos mira angustiado, pregunta por las naranjas en el bar, la disposición de las habitaciones, un bloc de notas, y el periódico en inglés. Furiosa, Tina se tira de los pelos y le espeta: “en Mallorca hay ruido, como en Sevilla, su ciudad es gótica, como Barcelona, pero empieza por M, como Missouri. Con suerte te pasa como a Robert Graves y no regresas.”

*El poeta inglés Robert Graves vivió en Deià, Mallorca, desde 1929 hasta su muerte.

Hans y Brigitte. Hotel series

Hans y Brigitte se conocieron en una fábrica de galletas de mantequilla cerca de Colonia. Ella era una joven secretaria de dirección y él un ingeniero recién licenciado. En su primer día Hans se quedó prendado de la secretaria y para matar los nervios cuando la tenía cerca comía una galleta detrás de otra. Así fue como empezaron a hablar, a Brigitte le exasperaba las migas que dejaba Hans en su mesa y, en cuanto este se iba a planta, corría a limpiarlas. Un día Hans al olvidar su cuaderno la pilló escobilla en mano sobre su escritorio.

37 años más tarde, una hija y dos nietos, Hans y Brigitte ya no comen galletas, por el tema del azúcar, salvo cuando vienen a Mallorca en abril. Nada da más placer a Brigitte que apartar los flecos de la ensaimada de su marido en el desayuno del hotel.