Surfeando rabietas

Caras triunfantes cubiertas en chocolate me reciben al entrar por la puerta. Olivia y Emma de nuevo se salieron con la suya, su padre no ha podido soportar el lloro conjunto. La merienda nutritiva terminó en galletas de chocolate. Es decir, nuestro pacto ha durado tanto como un episodio de Peppa pig.

La idea era no ceder al lloro en crescendo, ese ronroneo con efecto demoledor que causa cortocircuitos y zas: sucumbes, te rindes. Esta tarde su padre cayó, otros días soy yo. La falta de sueño, el cansancio… pones en marcha el chip de supervivencia seleccionando la opción más fácil: acceder.

En nuestro caso el momento más duro era por la mañana, cuando nuestra hija de 4 años desplegaba rabieta tras rabieta. “Quiero vestido, quiero la leche con pajita, ese juguete no es tuyo, no quiero abrigo (hacen 7 grados fuera)…” Literalmente la dejaba en la escuela sudando y emocionalmente KO. Me sentía mal por un grito mal pegado, por terminar cediendo, por luchar contra lo absurdo. ¿Cómo era posible que una niña de cuatro años tuviera tanto poder sobre mí?

En definitiva, los peques son listos, buscan tu reacción: tu cara de enfado, tu grito… Aprietan el botón hasta conseguir su meta: tu rendición por no llegar tarde a un sitio o por sobrevivir el día a día. Pero, ¿qué hacer?, ¿cómo actuar? En mi caso opté por lo simple: ignoraba el tsunami y seguía con lo que estaba haciendo. Adopté la técnica de cantar interiormente los éxitos de Coldplay para así bloquear los gritos. Fue duro y gradual, pero mi cara neutra e impasible fue causando efecto.

Con el tiempo, se cansó de sus propios lloros (que la dejaban exhausta) para terminar la función con un sofocado “maaaami”  fundido en un abrazo.

Suena banal y frío, sin embargo “mantenerte” funciona ya que la asociación “rabieta – mis papas se enfadan” llega a romperse y poco a poco van en detrimento. Siguen habiendo pataletas, pero no como patrón de comportamiento diario.

Recuerda, si accedes a menudo el modo rabieta se activa y multiplica. ¡Suerte!

¿Es posible la lactancia materna en bebés prematuros?

lactancia en prematuros

En la lactancia nada es blanco ni negro y, cuando se trata de la lactancia de un bebé prematuro, hay muchas fases de gris claro y gris oscuro. Pero, recuerda: lo más importante es que no te sientas culpable, ni porque haya nacido prematuro ni porque la lactancia esté siendo difícil, no esté funcionando o estés pensando en dejarla.

Emma nació de cesárea de urgencias en la semana 34, lo que se considera prematuro tardío. Semana delante o detrás, había pasillos de distancia entre nosotras más una caja transparente que no podía romper para tenerla entre mis brazos.

Recién salida de quirófano mi única obsesión fue la de la producir leche. No había habido contacto nada más nacer, no había habido colecho, nació por cesárea …¿produciría suficiente leche?, ¿me tardaría mucho en bajar dadas las circunstancias?… Mi hija era una bebé diminuta sin poder de succión, si no hacía algo al respecto la leche se retiraría. Totalmente irracional tras el post parto —me culpaba por no haber cuidado suficiente de Emma durante el embarazo— me prometí a mí misma que no iba a prescindirle del derecho a lactar.

Empezamos animadas, se cogió al pecho al día siguiente de nacer. Sin embargo, días después Emma se agotaba, no tenía fuerza para succionar, se ahogaba. Pasaron a alimentarla a través de sonda con leche materna que extraía cada tres horas. Todavía recuerdo sujetar temblorosa una jeringuilla de 20 mililitros que poco a poco descendía de su nariz a su estómago. Cuando Emma cogió vigor combinó sonda y pecho y, después de dos semanas, por fin mamaba como un bebé más.

Fueron veinte dos días borrosos de los que recuerdo mucha piel con piel, tomas tensas tratando de que su boca se ajustara a mi pecho, botes de leche materna etiquetados con fecha y hora de extracción, memorias envueltas en la luz tenue de neonatos.

Hubo momentos durante el tiempo en el hospital y tras el alta que estuve apunto de tirar la toalla. El incremento de peso era muy lento, sufría cuando me sacaba leche después de cada toma por quedarme sin leche para la siguiente, contaba los escasos minutos que Emma pasaba al pecho… Si no desistí fue por la experiencia del equipo de neonatos, positivo y alentador, siempre dispuesto a escucharte en los momentos más bajos.

Quiero recalcar que, en mi caso, la lactancia materna no habría funcionado sin los siguientes apoyos:

  • el personal de neonatos y el servicio de hospedería. El hospital proporcionaba una habitación compartida para madres lactantes en la misma planta de neonatos. Esto fue decisivo, entrar y salir a la sala donde está tu bebé a cualquier hora del día o la noche hacen del pecho a demanda una realidad.
  • mi familia. Literalmente salí de casa dejando a cargo de mi marido y mis padres a mi otra hija de año y medio mientras cuidaba de Emma. Sin el soporte y cariño de los míos logísticamente habría sido imposible. Aprovecho este punto para comentar que la lactancia exclusiva no sólo recae en la madre, la lactancia se reparte.

Muchas madres no pueden llegar a lactar no porque no quieran, si no por el hecho de no poder contar con apoyo familiar a su alcance o ingresar en un hospital con una planta de neonatos con horarios restringidos para padres o sin medios ni consejos para estimular la lactancia.

A través de este post me gustaría dar las gracias al equipo de neonatos de Son Llàtzer. El vínculo que establecí con mi hija fue igual de cercano e íntimo que si hubiera nacido a término. Hoy Emma tiene 23 meses y continúa lactando.

Foto: Emma y su hermana, Olivia

I kinda know Nadia

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Hi everyone, welcome to “People I know”, a new section of Island Diaries in which people I kinda know answer to 10 random questions letting their feelings and thoughts flow free. 

Without further ado, I am thrilled to introduce you to Nadia. 

Who is Nadia? She is funny with a pinch of irony, she is the friend that owns the “wise advise” book, a voracious reader, a food lover with a sweet tooth, a hilarious story teller… Originally from Barcelona, she currently lives with her Russian husband Alexandre on the island of Tasmania. Tasmania? Yes, you heard right, but that’s another story…

Last thoughts when you are about to fall asleep… If nothing is bothering me at the moment, I let my mind to roam into fantastic situations, I guess anticipating formidable dreams..

A word you would remove from the dictionary… Unfairness.

What would you never travel without? Money. I like comfort and a reasonable amount of luxury. I find that formidable dreams are better produced in sumptuous beds 🙂

A book you would recommend for a morning commute… Hmm.. for a morning commute the best is short funny stories. That way you don’t lose track of the plot and it sets your mood for the day. Though I haven’t read it yet, I’d go for something like “Not that kind of girl”, by Lena Dunham

Your perfect breakfast ( including location)… A latte and some sweet pastry. In Hobart, a fave of mine is Daci & Daci (11 Murray Street)

3 things that make you happy: Losing weight without apparent effort.. oh wait, you mean in the real world.. ok, then: Catching up with friends, lazing around at home with my boys and that precise moment when I hit the “buy ticket” button for my next trip to Spain every year

How many seasons should have a good tv series? To me, the ideal is between three and five. And don’t ask me why, it was an arbitrary answer 😛

A blog you follow… Yours, of course, and “A cup of Jo”

If you were a superhero, who would you be? Well, the superpower I always secretly coveted is to be invisible. But a superhero is someone who fights for peace and justice, and honestly, I just want to be able to spy on people, hahaha. So I guess, I’d be more of a super-villain

Intense red or light pink lipstick? Hello? Have you seen my profile picture? Go, intense red!!!

SPECIAL PHOTO SHARING

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One of the many streets of Barcelona, Nadia’s beloved city. She picked this photo for its tenderness and imperfection.

Photo by Nadia