Helga

helga-island diaries blogDesde las 9 y media de la mañana hasta las 3 y media de la tarde, de lunes a viernes, Helga mantiene los barcos del puerto deportivo impolutos. Friega, pule, repasa, ordena. Friega, pule, repasa, ordena. Sigue un ritmo cadencioso, alterado salvo por compañeros de barcos vecinos, gaviotas hambrientas o un jefe que simula interés por cortesía.

El marido de Helga, Tom, partió hace dos semanas hacia Antigua. En su ausencia Helga cuida de Mark, su hijo en común.

Todos los días se jura o trata de convencer de que Mark cuida de su corazón, que el amor de un hijo lo es todo, pero llega un punto en el que no sabe si está más cansada de pulir para no pensar o de pulir en sí.

Antes abrazaba a su hijo con fuerza, acariciaba los mechones de su corto pelo con brío, como si a través de su pequeño cuerpo pudiera alcanzar a Tom, llamarle a puerto. Ahora, le ahoga. Mark es el ancla de un amor varado del que, cuando logra olvidar, regresa sin avisar.

 

Kim y su compañera de vuelo

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Sentada en un café del aeropuerto Kim busca donde cargar su iPhone. Antes de hincar el diente a su muffin de chocolate la sube en instagram en un click – 10.05 am, waiting @ Madrid airport.

Kim ha estado en Mallorca, Sevilla y Madrid – Mañana mañana . En su viaje posó con amigos que hizo por el camino – #hola amigos-, se bañó en calas de anuncio – vip beach! – y retrató todos los dulces y platos de cada restaurante al que fue – #spanishfood, yum! En total más de 100 fotos, algunas subidas a Facebook y similares, otras esperando. Nueva alerta, dos me gusta a la muffin que todavía no ha terminado.

Entre bocado y sorbo de café Kim repasa las fotos, no se acuerda ni de la mitad de los sitios ni la gente, sólo se ha preocupado de que ella no apareciese. Ahora, a dos horas de embarcar a Melbourne, no va a tener más remedio que compartir 24 horas de vuelo con su compañera de viaje, una chica insegura pero demasiado simpática que cuenta las calorías de los crackers de su bandeja – Not every trip is perfect.

Bruno y Veronika – Short story

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Lo primero que hace por la mañana es tocarse la tripa en el sentido de las agujas del reloj y, por la noche, en el sentido contrario. Veronika sigue a la letra varios rituales que van más allá del ácido fólico.

Su pareja trata de ignorar cuando obsesivamente le pregunta si nota algún cambio en su aspecto, o como a escondidas se mira de perfil culpándose por los intentos fallidos. Para Bruno sus días fértiles son una playa en calma antes de un tsunami que lo desborda todo con lágrimas e impotencia al final de cada mes.

Bruno lleva tiempo gestando miedo a que nunca suceda y miedo a que suceda otra vez. Mientras la ola avanza y si se lo cuenta a Veronika nada nacerá salvo la angustia.

Ilustración de Anna Emilia.