Helga

helga-island diaries blogDesde las 9 y media de la mañana hasta las 3 y media de la tarde, de lunes a viernes, Helga mantiene los barcos del puerto deportivo impolutos. Friega, pule, repasa, ordena. Friega, pule, repasa, ordena. Sigue un ritmo cadencioso, alterado salvo por compañeros de barcos vecinos, gaviotas hambrientas o un jefe que simula interés por cortesía.

El marido de Helga, Tom, partió hace dos semanas hacia Antigua. En su ausencia Helga cuida de Mark, su hijo en común.

Todos los días se jura o trata de convencer de que Mark cuida de su corazón, que el amor de un hijo lo es todo, pero llega un punto en el que no sabe si está más cansada de pulir para no pensar o de pulir en sí.

Antes abrazaba a su hijo con fuerza, acariciaba los mechones de su corto pelo con brío, como si a través de su pequeño cuerpo pudiera alcanzar a Tom, llamarle a puerto. Ahora, le ahoga. Mark es el ancla de un amor varado del que, cuando logra olvidar, regresa sin avisar.

 

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